La Joven Del Río Repitió La Frase Que Su Esposa Dijo Al Morir-lbsuong - Chainityai

La Joven Del Río Repitió La Frase Que Su Esposa Dijo Al Morir-lbsuong

Salí temprano ese día porque los animales no esperan al dolor de nadie. En una granja, el amanecer llega con trabajo, aunque el pecho todavía cargue una silla vacía en la mesa y una voz que ya no contesta.

El sol apenas tocaba el borde del cielo cuando crucé el patio hacia el establo. La madera húmeda olía a heno viejo, cuero gastado y polvo. Trueno levantó la cabeza antes de que yo dijera su nombre.

Era un caballo viejo, terco, con más cicatrices en el lomo que paciencia en la mirada. Pero desde que murió mi esposa, Trueno parecía notar cosas que la gente no veía. Mi silencio, sobre todo.

Image

A veces pensaba que él escuchaba lo que yo no me permitía decir. En las mañanas, cuando mis botas raspaban la tierra seca, ese animal caminaba a mi lado como si supiera que hablar me habría roto.

Ese día iba rumbo al arroyo, como cada semana. Dos kilómetros de tierra seca separaban la casa de la orilla donde revisaba cercas, buscaba daños y dejaba que los pensamientos se agotaran solos bajo el sol.

No era un camino difícil. Era peor que difícil: era conocido. Cada piedra parecía recordar mis pasos. Cada curva tenía un lugar donde mi esposa se había detenido alguna vez para mirar el campo y sonreír.

El campo estaba quieto. Demasiado quieto. No se oía más que el cuero de la montura, el roce de las riendas y el resuello bajo de Trueno. Hasta los pájaros parecían guardar algo entre los árboles.

Yo odiaba ese silencio, pero también lo necesitaba. El mundo había estado lleno de voces antes de su muerte. Después, todo quedó reducido a trabajo, respiración y noches demasiado largas en la misma casa.

La última noche volvió a mí como siempre volvía: sin permiso. Ella estaba pálida, con la mano débil sobre la manta, mirándome como si aún intentara calmarme a mí cuando era ella quien se iba.

—Te esperé… como lo prometiste…

Esas palabras me habían seguido desde entonces. No eran una acusación, pero yo las sentía como una marca. Las oía en el crujido de la puerta, en el viento bajo el techo, en el agua del arroyo.

Apreté los dientes. No quería pensar en eso. Nunca quería, y sin embargo siempre regresaba. Hay recuerdos que no se quedan en la mente; se meten en los huesos y aprenden a vivir allí.

Trueno siguió unos metros más antes de detenerse de golpe. No fue una pausa cansada ni una necedad de animal viejo. Plantó las patas, levantó la cabeza y tensó el cuerpo entero.

Conocía a ese caballo. Podía resistirse a un sendero, pelear con una puerta o fingir que no entendía una orden. Pero aquella quietud no era terquedad. Era advertencia. Algo estaba mal.

Le hablé bajo, sin soltar las riendas. Trueno no se movió. Resopló una vez, fuerte, y el sonido salió áspero, como si hubiera olido tormenta donde el cielo estaba limpio.

Seguí su mirada hacia el río. Primero vi las piedras mojadas. Después, una línea oscura de tela. Luego el cabello pegado contra una mejilla pálida, y una mano abierta junto al agua.

Ahí estaba ella.

Una joven tirada a la orilla del río, con medio cuerpo dentro de la corriente. No gritaba. No se movía. El agua le rozaba la ropa con una delicadeza que me pareció cruel.

Sentí frío en la espalda aunque la mañana ya empezaba a calentarse. Bajé despacio, cada movimiento medido, como si un sonido equivocado pudiera empeorar lo que ya estaba frente a mí.

Miré alrededor antes de tocarla. La tierra seca no mostraba huellas claras. No había ramas rotas, marcas de arrastre ni señales de pelea. Nada explicaba cómo una joven había terminado allí.

Nada.

Esa falta de señales fue lo primero que me asustó de verdad. En el campo, casi todo deja rastro. Un animal, una rueda, una caída, una carrera desesperada. Pero alrededor de ella parecía no haber historia.

Me arrodillé junto a su cuerpo. Su ropa estaba empapada y fría, pero no parecía rasgada. La tela no llevaba barro ni sangre visible. Estaba mojada de una forma limpia, demasiado limpia.

Le toqué el hombro.

Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *