La Doncella Vendida Que Hizo Arrodillar A 40 Lobos Del Rey Alfa-mdue - Chainityai

La Doncella Vendida Que Hizo Arrodillar A 40 Lobos Del Rey Alfa-mdue

Belén Téllez aprendió demasiado joven que algunas familias no se rompen con gritos. A veces se rompen con una libreta negra, una pluma raspando papel y un padre que baja la mirada.

Acto I comenzó en una cocina pobre, donde el humo viejo se pegaba a las paredes y la sopa aguada hervía como si también estuviera cansada. Allí, Belén dejó de ser hija y se volvió pago.

Su padre debía 18 meses de deuda. Tenía 4 costales de maíz, demasiadas bocas que alimentar y una esposa que tosía sangre antes del amanecer. Cuando el recaudador llegó, no trajo piedad.

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—Una loba joven vale más que todos tus animales juntos —dijo el hombre, escribiendo el nombre de Belén en la libreta negra como si marcara un saco de trigo.

Belén esperó una negativa. Esperó una mano golpeando la mesa. Esperó que alguien dijera que ella no era mercancía, que no podía cambiarse una vida por invierno y hambre.

Nadie habló.

Ese silencio fue el primer candado que le pusieron.

Tres días después, la llevaron a la Fortaleza de Hierro, un castillo oscuro entre montañas secas. El viento golpeaba los muros con un lamento largo, como si muchas voces hubieran quedado atrapadas allí.

Dalia, la jefa de servicio, la recibió sin ternura. Era una mujer rígida, con llaves en la cintura y ojos que parecían medir cuánto dolor podía soportar cada criada antes de quebrarse.

—Aquí no vienes a sufrir bonito. Vienes a obedecer.

Le entregaron un uniforme gris, una cama estrecha y una regla que todos repetían con la misma cautela. Nunca cruzar al ala oeste. Nunca preguntar. Nunca correr si escuchaba algo detrás de esa puerta.

Acto II empezó con rumores lavados en agua fría. Teresa, una muchacha de lavandería, le habló de Gael Varela mientras exprimían sábanas manchadas de sangre seca en una tina de madera.

Gael era el Rey Alfa de Cuervo Negro. Veintisiete años. Dueño de tierras, tropas y fronteras. El lobo más poderoso del norte, y también el nombre que hacía bajar la voz a todos.

Teresa dijo que su lobo no dormía desde hacía casi un año. Que la bestia permanecía despierta dentro de él, arañando sus sentidos, empujando su fuerza, rompiéndole el juicio poco a poco.

También dijo que tres mujeres habían sido llevadas para ser su Luna. Una murió. Las otras dos vivían, pero ya no hablaban. Solo temblaban cuando escuchaban el nombre de Gael.

—¿Él las lastimó? —preguntó Belén.

Teresa tardó demasiado en responder.

—No con las manos.

Esa respuesta se le quedó a Belén bajo la piel. Durante dos semanas evitó el ala oeste como se evita una tumba abierta. Trabajó hasta que las rodillas le ardieron y la espalda se volvió piedra.

Limpiaba corredores, cargaba agua y servía comida a lobos que la miraban sin verla. Para la fortaleza, Belén era una criada vendida por su familia. Algo útil. Algo reemplazable.

Entonces llegó Verena Alcázar.

La enviada de Monterra apareció con un vestido azul, joyas de plata y una sonrisa demasiado tranquila. Todos sabían lo que quería. Casarse con Gael, tomar Cuervo Negro y gobernarlo cuando él terminara de quebrarse.

Verena no necesitó alzar la voz para mostrar su crueldad. En el salón principal dejó caer una copa frente a Belén. El cristal estalló sobre la piedra con un sonido limpio y cruel.

—Recógelo, criada.

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